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OBREROS
¡Ah, esta cálida mañana de febrero! El sur inoportuno vino para renovar
nuestros recuerdos de indigentes absurdos, nuestra joven miseria.
Henrika tenía una falda de algodón de cuadros blancos y marrones, que
debía de usarse en el siglo pasado, un gorro con cintas y un pañuelo de
seda. Bastante más triste que un vestido de luto. Dábamos un paseo por
las afueras. El cielo estaba encapotado, y aquel viento del sur estimulaba
todos los sórdidos olores de los jardines asolados y de los prados resecos.
Eso no debería fatigar a mi mujer tanto como a mí. En un charco dejado
para la inundación del mes anterior en un sendero bastante alto, hizo
que me fijara en unos peces muy pequeños.
La ciudad, con su humo y el ruido de sus oficios, nos sequía desde muy
lejos por los caminos. ¡Oh, el otro mundo, habitación bendecida por el
cielo, y las enramadas! El sur me recordaba los miserables incidentes
de mi niñez, mis desesperos de verano, la horrible cantidad de fuerza
y de ciencia que la suerte siempre ha alejado de mí. No, no pasaremos
el verano en este país avaro donde no seremos más que unos novios huérfanos.
Quiero que este brazo endurecido no arrastre más una querida imagen.
CIUDAD
Soy un efímero y no demasiado descontento ciudadano de una metrópoli considerada
moderna porque eludió todo gusto conocido en el amoblamiento y el exterior
de las casas así como en el trazado de la ciudad. Aquí no señalarías la
huella de ningún monumento de superstición. ¡La moral y la lengua, en
fin, han sido reducidas a su más simple expresión! Estos millones de personas
que no necesitan conocerse manejan tan parejamente la educación, los oficios
y la vejez, que el curso de sus vidas debe ser varias veces menos largo
que el atribuido a los pueblos del continente por una estadística loca.
Así como desde mi ventana, veo espectros nuevos girando a través del espeso
y eterno humo del carbón -¡nuestra sombra de los bosques, nuestra noche
de verano!-Erinias nuevas, frente a mi casita que es mi patria y todo
mi corazón puesto que aquí todo se parece a esto: la Muerte sin lágrimas,
nuestra activa hija y servidora, un Amor desesperado y un bello Crimen
lloriqueando en el barro de la calle.
HUELLAS
A la derecha el alba de verano despierta las hojas y los vapores y los
ruidos de este rincón del parque, y los taludes de la izquierda mantienen
bajo su sombra violeta las mil rápidas huellas del húmedo camino. Desfile
de magias. En efecto: carretas cargadas de animales de madera dorada,
de mástiles y de telas multicolores, al pleno galope de veinte caballos
manchados de circo, y los niños y los hombres sobre sus bestias más asombrosas:
veinte vehículos gibosos, engalanados y floridos, como carrozas antiguas
o de cuentos, llenos de niños emperifollados para una pastoral suburbana...
hasta ataúdes levantando los penachos de ébano bajo su palio de noche,
alejándose al trote de las grandes yeguas azules y negras.
DEMOCRACIA
"La bandera va hacia el paisaje inmundo, y nuestra jerga ahoga el
tambor.
"En los centros alimentaremos la más cínica prostitución. Masacraremos
las revueltas lógicas.
"¡En los países picantes y empapados! -al servicio de las más monstruosas
explotaciones industriales o militares.
"Adiós, aquí, no importa dónde. Reclutas de buena voluntad, tendremos
una filosofía feroz; ignorantes para la ciencia, libertinos para el confort;
que reviente el mundo que sigue. Esta es la verdadera marcha. ¡Adelante,
marchen!"
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