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El
dandy y su espejo El
dandy debe aspirar a ser sublime sin interrupción; debe vivir y dormir
ante un espejo. Parafraseando a Baudelaire podría decirse que ese espejo es su obra
y que sin duda es sublime. Esto no quiere decir que su obra sea su reflejo,
todo lo contrario, Baudelaire aspira a una poesía desprendida del yo
poético, una poesía que en vez de ser un medio, sea un fin por sí misma.
El
arte debe ser para el dandy artificioso e inútil. Ser un hombre útil
me pareció siempre algo muy odioso, dice en Mi corazón
al desnudo; la inutilidad del arte es vista como algo positivo,
el dandy ama lo inútil y lo artificial como oposición a los valores
románticos, lo natural resulta abominable.
Ese espejo simboliza su pasión por la
imagen, y por lo tanto por la estética del arte. Baudelaire
no puede ser encuadrado dentro de ninguna corriente, fue propulsor
de la poesía moderna y del simbolismo, a pesar de haber vivido una parte
del período romántico. Incluso en un artículo referente a los métodos
de composición dice algunas cosas que luego tomará el surrealismo, no
soy partidario de las tachaduras: ellas empañan el espejo del pensamiento.
Su
obra es dual: el bien y el mal están presentes permanentemente, rasgo
obvio de un moralista. Claro que nuestro poeta elige al mal y a la oscuridad
como temas predominantes. La mujer es, por un lado, lo contrario
al dandy y por lo tanto debe provocar horror. La mujer es natural, es
decir, abominable. Pero por el otro, es un refugio, es la
querida madre de la infancia y una proveedora del placer, tan venerado
por el dandy. No
hace falta decir que sin Baudelaire la poesía sería hoy algo distinto,
que revolucionó (y cuestionó) el concepto de prosa - con sus pequeños
poemas en prosa -; que su arte es magnífico y ha sido "útil"
dentro de la inutilidad y el artificio que supone el arte. En
esta edición podrán encontrar un número importante de su Flores del
Mal, de sus poemas en prosa, su ensayo sobre Poe ( en Autores
) y sus consejos a los jóvenes literatos ( en Consejos
). Antes
que nada deberán leer el epígrafe y si aún después de leerlo siguen
queriendo leer su obra, adelante y que la disfruten: Lector
apacible y bucólico, Y vas buscando tu paraíso, ¡compadéceme!... si no, ¡te maldigo! C.B
Indice - Alegoría
- Himno - Spleen
- XXIV
- Charla - XXV
- Epígrafe para un libro condenado - El gato
- Obsesión
- XXV Pequeños Poemas en Prosa
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