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A
una que pasa
La
calle, ensordeciéndome, rugía en torno mío.
Alta, esbelta, enlutada, dolor majestuoso,
pasó una mujer, con mano fastuosa
levantando y meciendo el borde de su falda.
Pasó,
ágil y noble, con su pierna de estatua.
Yo bebía, crispado como un extravagante
la dulzura que hechiza y el deleite que mata.
Un
rayo.... y, ¡la noche! -Belleza fugitiva,
cuyo mirar de pronto me hizo renacer,
¿es que ya no he de verte hasta la eternidad?
Allá,
lejos de aquí muy tarde, ¡quizá nunca!
ignoro dónde huyes, no sabes dónde voy.
¡Tú a quien yo hubiese amado! ¡Oh tú, que lo
sabias!
El Sueño de un Curioso
A.F.N.
Conoces
como yo el sabroso dolor
Y de ti hacer decir: "¡Qué hombre más extraño!"
Iba a morir y en mi alma amorosa
había deseo mezclado con horror: un mal muy singular.
Angustia y esperanza, sin mezcla de ironía.
Al
irse vaciando aquel fatal reloj
mi tortura se hacía más honda y deliciosa;
mi
pecho se arrancaba del mundo familiar.
Era como ese niño que ansía divertirse
y que odia el telón lo mismo que un obstáculo.
Pero al fin la verdad se reveló desnuda.
Me morí sin sorpresa y la terrible aurora
me envolvía. ¿Y qué? ¿Era tan sólo
eso?
El telón se había alzado y yo esperaba aún.
Obsesión
Me
asustáis, grandes bosques, igual que catedrales;
y rugís corno un órgano y en nuestros corazones,
estancias resonantes de estertores antiguos,
les responden los ecos de nuestros De Profundis.
Océano, te odio; mi espíritu en sí encuentra
tu tumulto, tus saltos; y oigo esa amarga risa
del hombre fracasado, preñada de sollozos,
en esa risa enorme, implacable, del mar.
Cómo me gustarías, ¡oh noche! sin estrellas
cuyo fulgor me habla incógnitos lenguajes.
¡Porque busco el vacío, la desnudez, lo oscuro!
Pero las tinieblas también son estrellas
donde viven surgiendo de mis ojos a millares,
seres que ya se fueron, de familiar mirada.
La
fuente de Sangre
Diríase
que mi sangre a veces corre en ondas
lo mismo que una fuente de rítmicos sollozos.
Yo la escucho fluir con un largo murmullo
pero en vano me toco para encontrar la herida.
A
través de la urbe, corno en un campo hermético
marcha convirtiendo las piedras en islotes,
apagando la sed de cada criatura
y tiñendo de rojo a la naturaleza.
Con
frecuencia pedí a los vinos capciosos
que embotaran un día el terror que me agota
¡el vino aclara el ojo y agudiza el oído!
¡En
el amor busqué el sueño del olvido;
el amor para mí es un filo punzante
para dar de beber a esas hembras crueles !
El Amor y la Calavera
Pie de Lámpara Antigua
El
Amor se sienta en la calavera
de la Humanidad,
y sobre ese trono el profano,
con risa burlona
sopla alegremente las pompas redondas
que en aire suben
corno si quisieran unirse a los mundos
más allá del éter.
La luminosa y frágil esfera
con un gran impulso
revienta y escupe su alma tan frágil
corno un leve sueño.
En cada pompa oigo a la calavera
gemir y rezar:
"¿Ese juego feroz y ridículo cuándo concluirá?
¡Lo que cruel tu boca
en el aire esparce,
oh monstruo asesino, mi cerebro es,
mi carne y mi sangre!"
Perfume
exótico
Cuando, con los ojos cerrados, en una tarde cálida de otoño,
respiro el olor de tu seno ardoroso,
veo extenderse riberas felices
a las que deslumbran los fuegos de un monótono sol.
Una
isla perezosa donde la naturaleza da
árboles singulares y frutos sabrosos;
hombres cuyo cuerpo es esbelto y vigoroso,
y mujeres cuyos ojos asombran por su franqueza.
Guiado
por tu olor hacia encantadores climas,
veo un puerto lleno de velas y de mástiles
todavía cansados por las olas del mar,
mientras
que el perfume de verdes tamarindos
que se esparce en el aire y traspasa mi nariz,
se mezcla en mi alma con el canto de los marineros.
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