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La
Vida Anterior
Yo
viví largo tiempo bajo los amplios pórticos
que los soles marinos teñían de mil fuegos,
y que grandes pilares majestuosos y erguidos
trocaban por la noche en grutas de basalto.
La
marea arrastrando la imagen de los cielos,
mezclaba de manera religiosa y solemne
los acordes potentes de su opulenta música
y el matiz del ocaso reflejado en mis ojos.
Fue
allí donde gusté los tranquilos placeres,
en medio del azul, de las olas, del lujo,
y de esclavos desnudos, impregnados de aromas,
quienes
me abanicaban con hojas de palmeras
sin tener más cuidado que el de desentrañar
el secreto punzante de mi melancolía.
Elevación
Más
allá de los lagos, más allá delos valles,
de los montes, los bosques, de las nubes y el mar,
por encima del sol, mas allá de los cielos,
por sobre los confines de la esfera estrellada,
te
mueves ágilmente, ¡ oh tú espíritu mío
!
y como un nadador complacido en la onda
con alegría surcas la inmensidad profunda
gustando un indecible y varonil placer.
Vuela
lejos, bien lejos de estos miasmas malsanos;
marcha a purificarte en el éter más alto,
y bebe, cual un puro y divino licor,
ese fuego que colma los límpidos espacios.
Tras
todas las molestias y las enormes penas
que agobian con su peso la existencia brumosa,
¡dichoso aquel que puede con sus alas pujantes
lanzarse hacia otro campo luminoso y sereno!
Y
cuyos pensamientos igual que unas alondras,
en la libre mañana hasta el cielo se elevan,
--que vuela por la vida y sin esfuerzo entiende
lo que dicen las flores y todo lo que es mudo.
Castigo
del Orgullo
En
los tiempos espléndidos en que la Teología
floreció con mayor savia y energía,
cuéntase que un doctor de los más eminentes,
--tras haber convertido almas indiferentes
y haberlas convertido en sus negros abismos;
tras haberles abierto hacia la gloria empírea
caminos singulares, para él mismo secretos
por donde sólo cruzan los espíritus puros--,
como un hombre engreído, presa total de pánico,
exclamó, poseído de un orgullo satánico:
"¡Jesús, pobre Jesús, te he puesto muy en alto!
Pero, si atacarte yo me hubiera propuesto,
no sería menor tu afrenta que tu gloria
ni Tú serías más que un objeto irrisorio".
De inmediato huyó de él la razón.
Los rayos de ese sol veló negro crespón;
el caos ocupó aquella inteligencia,
otrora templo vivo, todo orden y opulencia,
bajo cuyo techo tanta pompa habitaba.
El silencio y la noche se instalaron en él
como en una cripta cuya llave se pierde.
Fue semejante, entonces, a bestia callejera
y cuando, sin ver nada, por los campos pasaba,
sin distinguir siquiera veranos de inviernos,
sucio, inútil, grotesco, corno una cosa usada,
servía a los muchachos de jolgorio y de mofa.
El
Final de la Jornada
Bajo
una lívida luz
corre y danza sin motivo
la Vida chillona, imprudente;
y así, en cuanto al horizonte
la
noche voluptuosa asciende
apaciguando hasta el hambre,
borrando incluso la vergüenza,
el Poeta se dice: "¡Al fin!"
Mi
espíritu, como mis vértebras
con fervor invoca el reposo,
lleno de fúnebres sueños,
voy
a tenderme de espaldas
y a envolverme en vuestras cortinas,
¡oh refrescantes tinieblas!"
A una Madona
Canción de primeras horas de la tarde
Aunque tus cejas malignas
te den un aire extraño
que no es el de un ángel,
bruja de ojos seductores,
te
adoro, oh frívola mía,
¡mi terrible pasión!,
con la devoción
del sacerdote por su ídolo.
El
desierto y el bosque
perfuman tus trenzas toscas,
tu cabeza tiene las actitudes
del enigma del secreto.
Por
tu carne vaga el perfume
como alrededor de un incensario;
encantas como la tarde,
ninfa tenebrosa y cálida.
¡Ah,
los filtros más fuertes
no valen tu pereza,
y conoces la caricia
que hace revivir a los muertos!
Tus
caderas están enamoradas
de tu espalda y de tus senos,
y cautivas a los almohadones
con tus lánguidas posturas.
A
veces para clamar
tu rabia misteriosa,
prodigas, seria,
el mordisco y el beso;
me
destrozas, morena mía,
con una risa burlona,
y luego pone en mi corazón
tus ojos dulces como la luna.
Bajo
tus chapines de raso,
bajo tus encantadores pies de seda,
pongo mi gran alegría,
mi genio y mi destino.
¡alma
mía curada por ti,
por ti, luz y color!,
¡explosión de calor
en mi negra Siberia!
XXIV
Te adoro al igual que a la bóveda nocturna,
oh vaso de tristeza, oh gran taciturna,
y tanto más te amo, bella, cuanto tú más me huyes,
y cuanto más me pareces, adorno de mis noches,
aumentar con mayor ironía las leguas
que separan mis brazos de las inmensidades azules.
Me
lanzo al ataque, y escalo al asalto
como tras un cadáver un coro de gusanos,
y quiero, ¡oh bestia implacable y cruel!,
¡hasta esa frialdad por la que me resultas más bella!
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