Himno
A la muy querida, a la muy bella
Que llena mi corazón de claridad,
Al ángel, al ídolo inmortal,
¡salud en la inmortalidad!
Ella se extiende en mi vida
Como un aire impregnado de sal,
Y en mi alma no saciada
Derrama el sabor de lo eterno.
Saquito siempre fresco que perfuma
La atmósfera de un reducto querido,
Incensario olvidado que echa humo
En secreto a través de la noche,
¿cómo, amor incorruptible,
definirte con verdad?,
¡grano de almizcle que yaces, invisible,
en el fondo de mi eternidad!
A la muy buena, a la muy bella,
Que constituye mi alegría y mi salud,
Al ángel, al ídolo inmortal,
¡salud en la inmortalidad!
El
gusto de la nada
¡Triste espíritu, antaño amante de la lucha,
la Esperanza, cuya espuela excitaba tu ardor,
no quiere ya montarte! Echate sin pudor,
viejo caballo cuyas patas tropiezan en todos los obstáculos.
Resígnate, corazón mío; duerme tu sueño de bruto.
¡Espíritu vencido, extenuado! Para ti, viejo merodeador,
el amor no tiene ya sabor, ni tampoco la lucha;
¡adiós, pues cantos del metal y sus piros de la flauta!,
¡placeres, no tentéis ya a un corazón sombrío y gruñón!
¡La adorable Primavera ha perdido su olor!
Y el tiempo me devora minuto tras minuto,
Como la nieve inmensa a un cuerpo afectado por la rigidez;
Contemplo desde lo alto el globo en su redondez,
Y ya no busco en él el abrigo de una choza.
Alud, ¿quieres arrastrarme en tu caída?
Spleen
Cuando el cielo bajo y grávido pesa como una losa
Sobre el gimiente espíritu presa de largos tedios,
Y el horizonte abarcando todo el círculo
Nos depara un día negro más triste que las noches;
Cuando la tierra se ha convertido en un húmedo calabozo,
Donde la Esperanza, como un murciélago,
Se va dando golpes contra las paredes con sus tímidas alas
Y chocando la cabeza con los techos podridos;
Cuando la lluvia esparciendo sus inmensos regueros
Imita los barrotes de una vasta prisión
Y un pueblo mudo de infames arañas
Viene a tender sus trampas en el fondo de nuestros cerebros,
Unas campanas empiezan de pronto a tocar furiosamente
Y lanzan al cielo un aullido espantoso,
Como los espíritus errantes y sin patria
Que se ponen a gemir con porfía.
Las
Metamorfosis del vampiro
La mujer, entre tanto, retorciéndose
Igual que una serpiente en las brasas,
Y amasándose los pechos por encima de las ballenas del corsé
Dejaba deslizar de su boca de fresa estas palabras impregnadas de
almizcle:
-"Tengo los labios húmedos y conozco la ciencia
de perder en una cama la antigua conciencia.
Seco todas las lágrimas en mis pechos triunfantes
Y hago que los viejos se rían con risas infantiles.
¡Para quien me ve desnuda y sin velos, sustituyo
a la luna, al sol, al cielo y a las estrellas!
Cuando aprisiono a un hombre en mis temidos brazos,
O cuando abandono mi busto a los mordiscos,
Tímida y libertina, frágil y ronbusta,
Soy, mi querido sabio, tan experta en deleites
Que sobre ese colchón que se desmaya de emoción,
¡los ángeles importantes se condenarían por mí!"
Cuando me hubo chupado toda la médula de los huesos,
Y me volví hacia ella con languidez
Para darle un beso de amor, ¡no vi más
Que un odre de flancos viscosos, rebosante de pus!
En mi helado terror, cerré los ojos,
Y cuando volví a abrirlos a la viva claridad,
A mi lado, en lugar del fuerte maniquí
Que parecía haber hecho provisión de sangre
Entrechocaban en confusión unos restos de esqueleto,
Que producían un grito como el de una veleta
O el de un cartel que, en la punta de una vara de hierro,
El viento balancea en las noches de invierno.
Remordimiento póstumo
Cuando en el fondo duermas, mi bella
tenebrosa,
de una bóveda en mármol oscuro trabajdo,
y ya no tengas más por alcoba y morada
que una llovida cueva y que una huesca fosa;
cuando la tierra oprima tu carne
perezosa
y tus flancos que el ocio con encanto a pulido,
ni haya en tu corazón el amor, ni el latido,
ni tus pies puedan ir tras de ninguna cosa,
la tumba, confidente de mi sueño
infinito,
en esas noches de las que el sueño está proscrito
-la tumba y el poeta son hermana y hermano-
te dirá: "Coertesana de
atractivos inciertos,
¿de qué te vale ahora ignorar a los muertos?"
Como un remordimiento te roerá el gusano.
El demonio se agita a mi lado sin cesar;
flota a mi alrededor cual aire impalpable;
lo respiro, siento como quema mi pulmón
y lo llena de un deseo eterno y culpable.
A veces toma, conocedor de mi amor al arte,
la forma de la más seductora mujer,
y bajo especiales pretextos hipócritas
acostumbra mi gusto a nefandos placeres.
Así me conduce, lejos de la mirada de Dios,
jadeante y destrozado de fatiga, al centro
de las llanuras del hastío, profundas y desiertas,
y lanza a mis ojos, llenos de confusión,
sucias vestiduras, heridas abiertas,
¡y el aderezo sangriento de la destrucción!
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