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El Alquimista del Verbo

 

En la brumosa ciudad francesa de Charleville, una mujer, sudor en la frente, da a luz a un niño. Lo bautizan Jean-Nicolas-Arthur, era el 20 de octubre de 1854. Diecinueve años después, un poeta decía: "¡Inventé el color de las vocales! A negra, E blanca, I roja, O azul, U verde. Regulé la forma y el movimiento de cada consonante y, con ritmos instintivos, presumí de inventar un verbo poético accesible, un día u otro, a todos los sentidos. Escribí silencios, noches; anoté lo inexpresable. Fijé vértigos". Dieciocho años después un comerciante francés radicado en África muere a sus 37 años.

Los tres son Rimbaud: el niño burgués, el poeta revolucionario y el comerciante rico. De esos 37 años, sólo importan cuatro: los de su adolescencia, que son a su vez los del poeta vidente, que nace a los dieciséis y muere a los veinte. 

Una muerte anunciada ya en sus comienzos cuando en una carta a Paul Demeny revela, inventa y sintetiza al Simbolismo: "El poeta se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos. Todas las formas de amor, de sufrimiento, de locura; busca por sí mismo, agota en sí todos los venenos, para no quedarse sino con sus quintaesencias. Inefable tortura en la que necesita de toda la fe, de toda la fuerza sobrehumana, por la que se convierte entre todos en el enfermo grave, el gran criminal, el gran maldito, - ¡y el supremo Sabio!- ¡Porque alcanza lo desconocido! ¡Porque se ha cultivado el alma, ya rica, más que ningún otro! Alcanza lo desconocido y, aunque, enloquecido, acabara perdiendo la inteligencia de sus visiones, ¡no dejaría de haberlas visto! Que reviente saltando hacia cosas inauditas o innombrables: ya vendrán otros horribles trabajadores; empezarán en los horizontes en que el otro se haya desplomado."

Y Rimbaud se desplomó a los veinte, llevó, quizás, demasiado al pie de la letra su discurso y terminó por exiliarse en el comercio colonial, habiendo antes (me animo a decir) descubierto y comprendido las tan ansiadas quintaesencias, consiente de su sublime obra, sin más que seguir en el eterno viaje, en busca de otras videncias, habiendo llevado a cabo su primer objetivo.

El arte de Rimbaud es el resultado de ese viaje por las profundidades del arte mismo, sus poemas son visiones de lo desconocido, anticipan el arte que vendrá y denuncian al que fue. Toda poesía posterior a Rimbaud empieza en los horizontes en que él se ha desplomado. La poesía en cuatro años cambia su curso, un joven genial que anuncia a sus dieciséis años, a su maestro"Quiero ser poeta y me estoy esforzando en hacerme vidente...Los padecimientos son enormes, pero hay que ser fuerte, que haber nacido poeta, y yo me he dado cuenta de que soy poeta " evoluciona en forma y sentido a la poesía como arte, y al arte como forma y sentido.

Su vida es un gran viaje, no sólo poético sino también geográfico. Recorre en pocos años casi toda Francia, viaja a París y conoce a Paul Verlaine, con quien entabla una afiebrada relación que merece un capitulo aparte y extenso en toda biografía. Desde su amistad, sus atormentadas peleas, los merecidos celos de la mujer de Verlaine, las reuniones del Cercle Zutique, los viajes por Inglaterra, las idas y vueltas, hasta el tiro de Verlaine a Rimbaud en medio de una de sus discusiones (que le vale de dos años de prisión) y aquella carta que Paul le envía invitándolo a unirse a los caminos del Señor (Verlaine se vuelve místico luego del cautiverio) y que Arthur le contesta insultándole.

A una vida tan particular (que comienza en un pueblo burgués, que transcurre en diversos lugares del mundo, poblada de personajes y situaciones surrealistas, y que termina en una localidad africana para volver al pueblo burgués) hay que agregarle el mito del joven rebelde que a partir de Rimbaud se instala como paradigma en la modernidad. Algunos biógrafos cuentan (otros lo desmienten) el paso de Arthur por la Commune parisina, en el que escribe un himno y una constitución comunista. Paso que dura tan sólo ocho días, siendo que el poeta abandona la militancia, desalentado por la grosería de sus compañeros, la mala sopa y la obscenidad ambiental. Conociéndolo a Rimbaud ese dato seguramente es cierto. No hacen falta demasiadas pruebas para emparentarlo con las ideas libertarias de la época: su propia vida transgresora y desprejuiciada se encarga de demostrarlo.

No se puede decir mucho más de su poesía, cualquier intento por explicarla es una blasfemia al artista, que propone en sus versos una experiencia sensorial y simbólica. Sólo queda leerlo e intentar como él, encontrar lo desconocido mediante el desarreglo de los sentidos y empezando allí donde el poeta se ha desplomado.

En su obra “Una temporada en el infierno” Rimbaud se despide y desnuda en una frase el porqué de tan abrupto final: "Luego ¡qué!... Ir con mis veinte años hacia otros veinte años, como los demás...¡No, no! ¡Ahora me rebelo contra mi muerte! "

Por JRG

 

 

Índice

- El barco ebrio

- Vocales

- Sensación

- Un sueño para el invierno

 

- La estrella lloró rosa

- El durmiente del valle

- El Mal

- Oración de la tarde

- Mística

- Aurora

 

- Flores

- Marina

- Fiesta invernal

- Guerra

- Una temporada en el infierno (fragmento)

 

- El armario

- Partida

- Realeza

- A una razón

- Frases

 

- Obreros

- Ciudad

- Huellas

- Democracia

 


En ediciones anteriores:

#1: Baudelaire, El dandy y su espejo - Artículo sobre el poeta y sus mejores poemas


 

 

 

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Las pinturas son de Francis Bacon