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Oh
dios supremo y maldito
que posees mis recatos,
respira mis pensamientos
como desobedientes clandestinos
que agreden civilizaciones conservadoras,
cayendo en la tentación libertaria.
Ser
divino que me guías
con esos seductores e infinitos dedos
que te duelen,
te humanizas
y convulsas ante mis rincones.
Ser
iluminado que tiemblas cercano,
gozas con temor
el bautizo de mis jardines
que purifican con aromas
los deseos de tu verbo maldito.
Bebe
de mi cáliz eterno
génesis de la dama duende
que crece y se multiplica
en el plagio de tus orgasmos,
en el clon de tus fántasias.
Báñate con mi bálsamo de la fe eterna
comulga de mis estrofas de redención
por los siglos de los siglos
amén.
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